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By David Lodge

Crítica literaria

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El hombre lobo y otras bestias

Esta obra ofrece un repaso de los más aterradores delincuentes conocidos. Desde envenenadores, descuartizadores, sacamantecas, atracadores hasta matamendigos, ladrones y violadores. Francisco Pérez Abellán, el mayor experto en Criminalística nos presenta a los grandes monstruos de los angeles actualidad, protagonistas de los crímenes más espeluznantes de l. a. historia reciente de los angeles humanidad: Pietro Arcan, el Arropiero, el health practitioner Muerte; el Vampiro de Dusseldorf; Aileen Wuornos, el Asesino de l. a. Baraja; Issei Sagawa, el caníbal japonés; John Gotti, el último padrino; Jeffrey Dahmer, el carnicero de Milwaukee; David Berkowitz, el Hijo de Sam; Peter Kürten, el Vampiro de Dusseldorf; Ted Bundy.

Filosofía iberoamericana en la época del Encuentro

Los angeles Enciclopedia IberoAmericana de Filosofía es un proyecto de investigación y edición coordinado por el Instituto de Filosofía del Consejo improved de Investigaciones Científicas (Madrid), el Instituto de Investigaciones Filosóficas de los angeles Universidad Nacional Autónoma (México) y el Centro de Investigaciones Filosóficas (Buenos Aires), en el que han colaborado más de 500 especialistas de todos los países pertenecientes a l. a. comunidad filosófica hispanoparlante.

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Eso parece una prueba forense de cómo terminó Vickery. «Cosas permanen­ tes son las dentaduras postizas. Siempre salen a relucir en los juicios por asesinato>->-, dice Hooper; pero al fi­ nal del relato el narrador explica que «se sacó la mano del bolsillo del chaleco, vacía». Aunque atribuida al 63 • ;ji sentido que Hooper tiene del decoro, la mano vacía tanlbién sinlboliza la frustración del lector que querría una solución para el misterio. Incluso si acept31TIOS la identificación de Vickery y la explícacíón de su muer­ te, no sabemos qué fue lo que le condujo a un acto tan extremo, ni la identidad del segundo cadáver hallado a su lado (numerosos eruditos han debatido estas cues­ tiones, y ofrecido soluciones ingeniosas, sorprenden­ tes a veces y dudosas sietnpre).

La novela clásica del siglo XIX, de Jane Austen a George Eliot, combinaba la presentaCión de sus personajes como criaturas sociales con un sutil y agudo análisis de sus vidas interiores, emocionales y morales. Hacia finales del siglo, sin embargo (se puede observar el proceso en Henry James), la realidad estaba cada vez más situada en la conciencia privada, subjetiva, de seres indivi­ duales, incapaces de conlunicar la plenitud de su expe­ riencia a otros. Se ha dicho que la novela basada en el flujo de conciencia es la expresión literaria del solipsis­ mo, la doctrina filosófica según la cual nada es con toda certeza real excepto la propia existencia; pero po­ dríamos igualmente argumentar que nos ofrece cierto alivio respecto a esa desoladora hipótesis, dándonos acceso a las vidas interiores de otros seres humanos, aunque sean ficticios.

On los, de'fflás junto a la ba­ , 1I l¡ 11. as de la leyenda celta, pue,)' me gustan las connotaciones de Violet -algo acobardado, peni­ tente, melancólico- una chica diminuta, morena, con U/lUZ carita pálida, bonita, en la que el eccema hace estragos, con las uñas mordidas hasta dejarlas en carne viva y los dedos manchados de nicotina, un abrigo de pana de corte elegante tristemente arrogado y manchado; una chica, puedes dedu­ cir por todos estos indicios, con problemas, sentimientos de "~tt/pa, malos rollos.

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